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sábado, 11 de julio de 2020

DRAMATURGIA Ulises Heureaux hijo y sus aportes a la dramaturgia dominicana

El escritor y teatrista Frank Disla encomió su producción

Ulises Hereaux hijo, dramaturgo dominicano.



El dramaturgo dominicano Frank Disla encomió el legado de Ulises Hereaux hijo, cuya obra “Alfonso XII” figura en “Otra Muestra de Dramaturgos del Sur”, libro recientemente publicado por el periodista y escritor Edgar Valenzuela.
Disla hizo la presentación de la pieza teatral de Hereaux hijo y ponderó aspectos desconocidos sobre los valiosos aportes de este autor casi olvidado.
A continuación, fragmentos de la presentación de Disla...
Llamarse Ulises Heureaux, como el autor que nos toca, es un estigma de dimensiones históricas: nos conduce irremediablemente a Lilís y sus tres períodos de gobierno, su ajusticiamiento en Moca, sus ‘papeletas’ inorgánicas que llevaron al país a la quiebra y sus numerosas anécdotas que forman parte de la tradición oral y escrita del imaginario popular. Pero estamos hablando de su hijo nacido en San Juan de la Maguana el 14 de diciembre de 1870, fruto de su relación amorosa con Juana Ogando, miembro de una familia que defendió la Independencia y restauración de la República. A Ulises Heureaux, hijo, lo envió su padre a París a estudiar Derecho, carrera que abandonó para dedicarse a visitar teatros y museos, la bohemia parisina, obviando los tratados y códigos penales del Derecho Francés que tanto ha influenciado la jurisprudencia universal, nutriéndose, al contrario, de los aportes del arte y la literatura francesa, codeándose y recibiendo instrucción de maestros versados en estos temas.
Mientras el llamado Pacificador pacificaba, a sangre y fuego las numerosas revueltas que se suscitaban a lo largo y ancho de la joven República, su hijo en París ensanchaba sus conocimientos y adquiría la experiencia de vida que lo convertirían en un versátil escritor que llegó a cultivar con éxito varios géneros literarios como el Cuento, la Novela y el Teatro, convirtiéndose en su época, en un pionero del quehacer literario. También componía canciones, las que musicalizaba al piano, ya que también tocaba este instrumento. Un hombre, pues, sensible que distaba del arrojo guerrero de su padre que vivió con dos balas en el cuerpo, una mano malograda y que en más de una ocasión se le escapó a la muerte a la que constantemente desafiaba con su valentía proverbial y su inteligencia sublime que lo llevó a ocupar la primera magistratura del Estado Dominicano, sentando las bases de su posterior desarrollo y descalabro.
En una sociedad semi-rural donde aún predominaba la producción hatera, en la que el soborno y la corrupción permeaban el ejercicio de la política, donde el fusilamiento de los contrarios era la forma más recurrente de dirimir el debate político, el joven Ulises Heureaux Ogando hubo de ejercer su vocación teatral y literaria.
Edgar Valenzuela se refiere a él en estos términos: “Sus libros y publicaciones en revistas culturales, y sus artículos en los periódicos, dejaron al descubierto que el joven, más que para la guerra y la política, tenía talento para las narraciones escritas, el drama, el ensayo y la música”.
Mientras que Max Henríquez Ureña dice: “Heureaux hijo sabia preparar los motivos escénicos y mover los personajes; conocía los secretos menudos de la técnica teatral, ‘le metier’. Con esas condiciones triunfó reiteradamente en sus empeños escénicos”. Sus resonados éxitos con la puesta en escena de sus obras teatrales “La muerte de Anacaona”, “El grito de 1844”, “El artículo 291”, “Consuelo”, “La noticia sensacional”, “La fuga de Clarita”, “Entre dos fuegos”, “El enredo”, “En la hora suprema”, “El Jefe”, De director a ministro”, “La inmutable”, “Blanca”, “Genoveva” y “Alfonso XII”, lo ponen en competencia con Franklin Domínguez y Reynaldo Disla, dos de los Dramaturgos dominicanos más montados del siglo pasado, superándolos. Estamos, pues, sin exageración, ante un Lope de Vega dominicano.
Manuel de Js. Goico Castro expresa del autor que: “En el estudio de sus dramas, hemos admirado la impecable desenvoltura con que se mueven sus personajes y como de sorpresa en sorpresa, de lance en lance, logra una solución efectista y artística de gran revuelo e intensidad”. La última escena de “Alfonso XII”, Max Henríquez Ureña la califica como “una curiosa obra de tipo histórico”, es un buen ejemplo de la calidad dramática manifiesta en las obras de Heureaux Ogando, que compendia y sintetiza la responsabilidad con que el autor asumía el acto de creación. Confieso que de no haber sabido su procedencia hubiera creído que era una traducción bien realizada de William Shakespeare. Elegantemente construida, le otorga a esta antología de Dramaturgos del sur un toque clásico y a la vez la muestra fidedigna de un botón de la camisa creativa de uno de nuestros más excelsos dramaturgos, que pone en relieve, parafraseando a Benedetti, a hombres y mujeres que saben, aprovechando el sol, a que asirse, “apartando lo inútil/ y usando lo que sirve/con su fe veterana/ el sur también existe”.
$!El dramaturgo Frank Disla.
El dramaturgo Frank Disla

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